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25-jun.-2026, jueves de la 12.ª semana del T. O.

…] con su amor el Padre «fue concreto, envió a su Hijo, que se hizo carne para salvarnos»

«Salimos de la noche y estrenamos la aurora». Van pasando las sombras y nos ilumina la luz del sol. 

Al iniciar nuestras labores, te pedimos que lo hagamos en confianza, humildad y sencillez y seguir la senda que nos trazas. Danos fortaleza en medio de las debilidades, ya que estamos divididos, porque tomamos nuestras opciones como algo individual o nos consideramos como los únicos propietarios de la verdad. Danos el sentido fraterno y la humildad de aceptar y apreciar siempre a los otros como nuestros hermanos. Que respetemos sus ideas o su fe, sin avergonzarnos de nuestra propia fe fundamentada en ti. 

Hoy te pedimos que podamos vivir recordando las PALABRAS que ya están grabadas a fuego en nuestro corazón, aquellas que nos hemos atrevido a poner en práctica. Ayúdanos a mirar nuestro interior. Y si adviertes que nuestro corazón es pobre en Palabras, te pedimos que lo hagas receptivo como el de María, que supo acoger la Palabra y la hizo vida. Que Ella sea nuestra guía en la oración. 

Si queremos que nuestra vida se tambalee, pierda pie y llegue a hundirse sabemos el camino. Escucharte y no hacerte caso es edificar sobre arena. Si queremos mantenernos en pie, con luz y sentido ante los acontecimientos de la vida, ante fuertes lluvias y vientos impetuosos, no tenemos más que escucharte y poner en práctica lo que nos dices. Hoy san Ireneo de Lyon nos enseña que la verdadera fortaleza y felicidad está en ponernos en las manos del Padre. Gracias por darnos tu palabra y darnos la ocasión de poder estar cimentados sobre roca firme. 

Que sea un muy firme y sólido jueves. 

Palabra del Papa

«El Señor nos pide permanecer en su amor, es decir, permanecer en el amor que Él tiene», afirmó el Pontífice refiriéndose al pasaje evangélico de Juan (15, 9-11) propuesto por la liturgia del día y planteando inmediatamente la pregunta central: «¿Qué amor es ese?». Es «el amor del Padre» y Jesús mismo nos tranquiliza: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo». Es, por lo tanto, «la plenitud del amor: permanecer en el amor de Jesús».

[…] El papa Francisco indicó «dos criterios que nos ayudarán a distinguir el amor verdadero del no verdadero». […] Sólo «con estos dos criterios podemos encontrar el verdadero amor de Jesús en los hechos, pero en los hechos concretos». […] Así, reafirmó, «el primer criterio para permanecer en el amor de Jesús es que este amor nuestro sea concreto, y como Él dice: observar los mandamientos, sus mandamientos». […] con su amor el Padre «fue concreto, envió a su Hijo, que se hizo carne para salvarnos». Por lo tanto, resumió el Papa, «el primer criterio es el amor: más en las obras, en los hechos, que en las palabras».

El «segundo criterio», en cambio, es que «el amor se comunica, no permanece aislado: el amor se da a sí mismo y recibe, se lleva a cabo esa comunicación que existe entre el Padre y el Hijo, una comunicación que obra el Espíritu Santo». Por eso, reafirmó el Pontífice, «no hay amor sin comunicar, no hay amor aislado» (papa Francisco, 7 de mayo de 2015, homilía en Santa Marta).

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo
ORACIÓN 

Hoy la Palabra de Jesús en el evangelio es dura y exigente. Me dices Jesús que debo vivir en verdad y no aparentar lo que no soy. Tu palabra debe transformar mi vida. Si me limito a escucharla cada día, pero sigo igual, no avanzo, no cambio, no me transformo, no me parezco cada día un poco más a ti, estoy edificando mi vida sobre la arena movediza. En cualquier momento, todo puede terminar en una ruina total. Ayúdame, Señor, a edificar mi vida sobre la roca firme de las obras. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-25-de-junio-de-2026

Nosotros, los que tomamos el evangelio cada día en nuestras manos, no podemos olvidar que la Palabra de Dios es “interpelación”. Es un desafío que nos invita a cambiar, a transformarnos, a ajustar nuestra vida al evangelio. Y nos preguntamos. ¿Por qué leyendo el Evangelio todos los días se nota tan poco en nuestras vidas? Seguimos teniendo los mismos defectos, las mismas limitaciones, las mismas rutinas. Y lo peor es que podemos seguir engañándonos a nosotros mismos y creer que ya somos buenos. Ya en el siglo IV san Juan Crisóstomo advertía a sus fieles: «¿Acaso creéis que el fervor espiritual consiste simplemente en venir continuamente a la celebración de la Divina Liturgia? Eso no sirve para nada si no obtenemos algún fruto: si no sacamos ningún partido, es mejor que nos quedemos en casa».  El gran profeta Isaías arengaba al pueblo a pensar en la fe de sus antepasados: «Mirad la piedra de que fuisteis tallados, y el corte en la roca de donde fuisteis sacados. Mirad a Abrahán, su padre, y a Sara, que los dio a luz» (Is 51,1-2). En estos tiempos donde se debilita la fe, no está demás el pensar en la fe de nuestros padres. Como diría san Agustín: «la fe en Jesús la aprendí en la leche de mi madre».  Unas madres sencillas, trabajadoras, sacrificadas, que al mismo tiempo que nos enseñaban a hablar y a caminar, nos enseñaron también a rezar.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.