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28-jun.-2026, domingo de la 13.ª semana del T. O.

No hay amor verdadero sin cruz... Y lo dicen muchas madres, muchos padres que se sacrifican tanto por sus hijos y soportan verdaderos sacrificios, cruces, porque aman.

Último domingo de junio y hoy saludamos este nuevo amanecer con una fiesta muy hermosa, que es la fiesta vocacional y testimonial por excelencia. En este día dedicado a ti tu palabra nos hace una invitación de exigencia porque las palabras que leemos en este día parecen duras y exigentes. 

¿Será que nos estás invitando a no amar a nuestros padres, a no amar a nuestros hijos?  Eso estaría en contradicción con el cuarto mandamiento, honrar a padre y madre. No puede ser posible que haya contradicción en tus mandamientos. No se trata de no amar a nuestros padres o de no amar a nuestros hijos, sino más bien de que ese amor no nos aleje del amor de Dios, por eso dices: «el que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mi». La invitación no es a no amar sino más bien, a tener clara nuestras prioridades, como dice el primer mandamiento de la Ley de Dios: «amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo». Por eso, no se trata de no amar a nuestra familia, a nuestros padres, a nuestros hijos, sino de que eso no nos aleje del amor de Dios.

¿Nos parece pesado esto que nos pides? ¿Esto de amarte por encima de nuestra familia, de tomar la cruz, de renunciar? Si es así, la respuesta está en el amor, es porque quizás amamos poco. Hay una anécdota que le sucedió a la madre Teresa de Calcuta cuando un famoso fue a ver el trabajo que ella estaba realizando, este famoso le dijo que lo que estaba haciendo ella, él no lo haría ni por un millón de dólares, ella le dijo que ella tampoco lo haría por un millón de dólares, sino que lo hacía por amor, porque el amor suaviza las exigencias. El propio san Agustín decía también que el amor hace suave los preceptos. 

¿Qué personas, seguridades o intereses ocupan hoy el lugar que deberías tener en mi vida? ¿Cómo puedo vivir en lo cotidiano el llamado a “tomar la cruz” y servir a los demás, incluso en los gestos más pequeños? Señor, ayúdanos a comprender plenamente tu mensaje tus palabras cariñosas, que a veces son exigentes, pero nos llevan por el camino del amor del servicio y de la entrega desinteresada. Gracias, Señor, por abrir nuestros corazones a tu santa voluntad, que no es más que vivir en tu amor. 

Un muy feliz y alegre domingo, vivido en entrega y fidelidad a tu voluntad. 

 

PALABRA DEL PAPA

Jesús pide a sus discípulos que tomen en serio las exigencias del Evangelio, incluso cuando esto requiere sacrificio y esfuerzo.

Lo primero que les exige a quienes le siguen es poner el amor a Él por encima del amor familiar. Dice: «El que ama a su padre o a su madre, […] a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (v. 37). Jesús ciertamente no pretende subestimar el amor a los padres y a los hijos, pero sabe que los lazos de parentesco, si se ponen en primer lugar, pueden desviar del verdadero bien. Lo vemos: ciertas corrupciones en los gobiernos se dan precisamente porque el amor por la parentela es mayor que el amor por la patria y ponen en los cargos a los parientes. Lo mismo con Jesús: cuando el amor [por los familiares] es mayor que [el amor por] Él, no va bien. Todos podríamos dar muchos ejemplos a este respecto. Sin mencionar las situaciones en las que los lazos familiares se mezclan con elecciones opuestas al Evangelio. Cuando, por el contrario, el amor a los padres y a los hijos está animado y purificado por el amor del Señor, entonces se hace plenamente fecundo y produce frutos de bien en la propia familia y mucho más allá de ella. En este sentido, dice Jesús la frase. Recordemos también cómo reprende Jesús a los doctores de la ley que privan a sus padres de lo necesario con el pretexto de dárselo al altar, de dárselo a la Iglesia (cf. Mc 7,8-13). ¡Los reprende! El verdadero amor a Jesús requiere verdadero amor a los padres, a los hijos, pero si primero buscamos el interés familiar, esto siempre nos lleva por el camino equivocado.

Luego dice Jesús a sus discípulos: «El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí» (v. 38). Se trata de seguirlo por el camino que Él mismo ha recorrido, sin buscar atajos. No hay amor verdadero sin cruz, es decir, sin un precio a pagar en persona. Y lo dicen muchas madres, muchos padres que se sacrifican tanto por sus hijos y soportan verdaderos sacrificios, cruces, porque aman. Y si se lleva con Jesús, la cruz no da miedo, porque Él siempre está a nuestro lado para apoyarnos en la hora de la prueba más dura, para darnos fuerza y coraje (papa Francisco, Ángelus, 28 de junio de 2020).

El verdadero amor a Jesús requiere verdadero amor a los padres, a los hijos
ORACIÓN 

Señor Jesús, gracias porque sales a mi encuentro para saciar mi hambre de infinito.

Gracias por dar tu vida por mí, y por mostrarme que yo también la debo dar por Ti. Ayúdame a ser fuerte para mantener siempre intacta mi fe en mi mente y en mi corazón. Ayúdame a reflejarla en cada una de mis acciones. Amén 

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-13-tiempo-ordinario-28-de-junio-de-2026

Este evangelio es difícil de entender si no hemos asistido asiduamente a escuchar las charlas excelentes del amor que nos da Jesús en los evangelios. Nos desorientamos cuando oímos: «El que quiere a su padre, a su madre, a su hijo, a su hija más que a mí no es digno de mí». ¿Cómo hay que entender estas frases? ¿Acaso Dios es un egoísta que nos reclama todo el amor sólo para Él? ¿O es un Dios celoso de nuestros amores humanos? ¿Acaso Dios se enfada cuando ve que nos queremos mucho? ¡Todo lo contrario! Por encima de todo hay que mantener que Dios sólo tiene una tarea, una ocupación, una preocupación: que todos nosotros seamos plenamente felices. Dios sabe que no podemos ser felices sin amar y ser amados; y también sabe que no podemos ser plenamente felices si nuestro amor no es auténtico. ¿Qué características tiene este amor del que nos habla Jesús?

1.– ES AMOR GRATUITO, TOTALMENTE DESINTERESADO. En todos los amores humanos, por nobles y grandes que sean, aunque se trate de amores de padres e hijos, se puede colar el GUSANO del egoísmo. Y este gusano mata el auténtico amor. La verdadera vida, la que produce nuestra verdadera felicidad, consiste en el amor. «Sólo el amor hace que la vida merezca ser vivida: Sólo la ayuda desinteresada a los demás procura la gran alegría de vivir». (Karl Tillmann).  Este amor gratuito que brota espontánea como el agua de un manantial; el que da a cambio de nada, el que no exige paga, sino que le basta con existir para ser pagado; este amor que no conoce límites ni fronteras no puede realizarse sin una auténtica muerte al egoísmo personal. Y éste es el que nos dio Jesús muriendo por nosotros en la Cruz. Si el egoísmo y el afán de ser “como Dios” expulsó   a nuestros primeros padres del Paraíso, sólo la muerte a ese egoísmo nos puede llevar a reiniciar la vuelta al paraíso de nuestra plena felicidad.

2.– ES AMOR HUMANO Y AMOR DIVINO ÍNTIMAMENTE UNIDOS. Los dos mandamientos ya estaban en el A.T. Del amor a Dios se habla en Dt 6, 4 «Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas tus fuerzas».  Y el amor al hermano también estaba en Lev 19, 18 «Amarás al prójimo como a ti mismo». Pero estos dos mandamientos estaban separados, no sólo en libros distintos, sino en la vida real. Se podía amar a Dios sin necesidad de amar al hermano. La genialidad de Jesús fue el haberlos unido para siempre: (Mc 12, 28-34). El amor a Dios y al hombre son vasos comunicantes. No se pueden dar el uno sin el otro. Por consiguiente, ese amor total que debemos a Dios «con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas», se lo debemos también a nuestros hermanos. Y este es el supremo don que Dios nos puede dar. Amar así es estar ya en el paraíso. Si Dios quiere que no nos amemos a medias es porque no quiere para nosotros una felicidad a medias.

3.– ES AMOR DETALLISTA. Un amor vivido así tiene detalles. Detalles por parte de Dios que no deja de sorprendernos cada día. Pero también detalles de los hombres. El evangelio nos habla de un vaso “de agua fría”. Un vaso de agua tibia en verano es como ofrecer una cerveza caliente. El bien hay que hacerlo bien. Y en estos mil detalles de cada día está la esencia de la felicidad de una vida normal y corriente. Dice muy bien esa gran mujer y poeta, Gloria Fuertes: “El voluntariado no ha pintado un cuadro, no ha hecho una escultura, no ha inventado una música, no ha escrito un poema, pero ha hecho una obra de arte”. Y es un arte vivir en el amor, evitando todo lo que hace sufrir a los demás, vivir para agradar, para hacer felices a los demás. El evangelio está hecho de mil detalles conocidos. Nos cuenta san Clemente (tercer Papa) un bonito detalle que viene de la tradición: Jesús, se despertaba de mañana, antes de salir el sol, y se iba a orar. Este dato lo pone (Mc. 1,35) Pues bien, la costumbre de Jesús era tapar bien a los discípulos antes de marchar, para que no se resfriaran al llegar la madrugada.

«A los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre» (Mt 26, 8-9.11). Aquella mujer había comprendido que Jesús era el Mesías humilde y sufriente sobre el que debía derramar su amor. ¡Qué consuelo ese ungüento sobre aquella cabeza que algunos días después sería atormentada por las espinas! Era un gesto insignificante, ciertamente, pero quien sufre sabe cuán importante es un pequeño gesto de afecto y cuánto alivio puede causar. Jesús lo comprende y sanciona su perennidad: «Allí donde se proclame esta Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo» (Mt 26,13). La sencillez de este gesto revela algo grande. Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad, como se encontraba el Señor en aquel momento (papa León XIV, Dilexi te 4 y 5).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.