En gozo y felicidad te damos gracias por este nuevo día que estamos iniciando. Permítenos que nuestro testimonio de amor y de servicio sea en generosidad. Tú no nos llamas siervos, sino amigos, para que sepamos servirte en nuestros hermanos, especialmente en los pobres y en los enfermos, ya que nos has confiado su cuidado. Que en ellos podamos estar cada vez más cerca de Ti. Ayúdanos para que seamos fieles a tu palabra y no tengamos momentos de duda o de desconfianza como lo tuvieron los cercanos a Ti en la sinagoga de tu pueblo. permítenos llevarte en nuestros corazones y pensamientos y que logremos ser verdaderos profetas de esperanza. Amén.
Un muy feliz y bendecido miércoles.
LAS PALABRAS DE LOS PAPAS
Nos preguntamos: ¿Por qué los compatriotas de Jesús pasan de la maravilla a la incredulidad? Hacen una comparación entre el origen humilde de Jesús y sus capacidades actuales: es carpintero, no ha estudiado, sin embargo, predica mejor que los escribas y hace milagros. Y en vez de abrirse a la realidad, se escandalizan: ¡Dios es demasiado grande para rebajarse a hablar a través de un hombre tan simple! Es el escándalo de la encarnación: el evento desconcertante de un Dios hecho carne, que piensa con una mente de hombre, trabaja y actúa con manos de hombre, ama con un corazón de hombre, un Dios que lucha, come y duerme como cada uno de nosotros. El Hijo de Dios da la vuelta a cada esquema humano: nos son los discípulos quienes lavaron los pies al Señor, sino que es el Señor quien lavó los pies a los discípulos (cf. Juan 13, 1-20). Este es un motivo de escándalo y de incredulidad no solo en aquella época, sino en cada época, también hoy. El cambio hecho por Jesús compromete a sus discípulos de ayer y de hoy a una verificación personal y comunitaria. También en nuestros días, de hecho, puede pasar que se alimenten prejuicios que nos impiden captar la realidad. Pero el Señor nos invita a asumir una actitud de escucha humilde y de espera dócil, porque la gracia de Dios a menudo se nos presenta de maneras sorprendentes, que no se corresponden con nuestras expectativas. (Francisco - Ángelus, 8 de julio de 2018)
💡 Oración basada en Marcos 6:1-6 (el poder de la fe y el rechazo) 💡
Señor Jesucristo, al reflexionar sobre tu regreso a Nazaret, reconocemos que a veces la familiaridad puede convertirse en un obstáculo para creer en tu poder. Te pedimos perdón por las veces que hemos dudado de ti.
Te rogamos que nos des la fe profunda de aquellos que, sin conocerte a fondo, se acercaron a ti buscando un milagro. Ayúdanos a asombrarnos ante tu sabiduría y a reconocer tu autoridad en nuestras vidas, sin importar si somos de tu tierra o si te hemos conocido siempre. Amén.
REFLEXIÓN SOBRE EL EVANGELIO (Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi)
Y entrando a la reflexión, recuerdo hace un par de años en un pueblito de misiones, estaban haciendo una novena a san Isidro Labrador, patrono de los campesinos, para pedir por la lluvia… las misioneras americanas, se extrañaban de la cantidad de gente que iba todos los días al novenario.
Y el último día de la novena, en la misa, el padre, al entrar, mira a todos y les dice: ‘está claro que no va a caer ni una sola gota de agua’. Y les decía: ‘no por culpa del santo sino de todos ustedes que no han pedido con la fe suficiente; si creyeran que iba a llover, ¡habrían traído sus paraguas!’
¡Gran lección! Lo mismo nos dice hoy Jesús en el Evangelio. Jesús no pudo hacer milagros, no porque Jesús no tuviera el poder para ello, sino por la falta de fe, por la incredulidad.
Que eso no nos pase a nosotros. Abramos nuestro corazón para poder ver y descubrir los milagros que nos rodean todos los días. El simple hecho de estar vivos es ya un milagro. Y cuando pidamos algo, hagámoslo con la certeza de que Jesús no nos va a dar lo que queremos, sino que nos va a dar aquello que necesitemos para que nosotros seamos mejores personas.
Quizá la manera de pedir no es: ‘te pido que me des’, sino que: ‘te pido que me ayudes a aceptar aquello que necesito hoy para ser feliz; hoy para responder a tu amor; hoy para ser mejor persona’. Descubrir la mano de Dios en mi día a día.
