Hombres de Iglesia, Huellas de Historia: Nuestros Arzobispos

Con gran júbilo presentamos la colección de biografías, retratos y escudos de los arzobispos que han guiado la Iglesia de Bogotá a lo largo de su historia. Este recorrido nos lleva hasta el 11 de septiembre de 1562, cuando el papa Pío IV erigió la diócesis de Santafé y trasladó a ella la sede episcopal de Santa Marta; dos años después, el 22 de marzo de 1564, la elevó a la dignidad de Arquidiócesis Metropolitana.
Cada semblanza ha sido preparada como un ejercicio de memoria y de servicio a la Iglesia, reuniendo en una línea de tiempo común la vida, el ministerio y el legado de quienes han ejercido el oficio de pastores de esta Iglesia particular. Sus historias permiten contemplar cómo una jurisdicción que en sus orígenes se extendía por buena parte del territorio de la Nueva Granada fue dando origen, con el paso de los siglos, a nuevas diócesis y circunscripciones eclesiásticas, hasta configurar el territorio que hoy acompaña pastoralmente la Arquidiócesis de Bogotá.
A esta memoria se suman los escudos arzobispales, parte del patrimonio artístico e histórico que se conserva en los espacios de la Catedral Primada de Colombia y la Capilla del Sagrario. La reconstrucción heráldica digital realizada en 2026 por la Oficina Arquidiocesana de Gestión y Patrimonio Documental parte de fuentes primarias conservadas en el Libro Becerro de la Catedral Primada de Colombia y de los dibujos realizados entre las décadas de 1940 y 1960 por Bernardo Sanz de Santamaría, Canónigo Honorario de la Basílica Primada, a partir de las investigaciones históricas de José Restrepo Posada y de las orientaciones dadas por el arzobispo Bernardo Herrera Restrepo para preservar la memoria heráldica de los prelados.
Este trabajo nos permite acercarnos a nuestros pastores desde una perspectiva profundamente humana: hombres con historias, talentos, desafíos y caminos diversos, llamados al servicio de la Iglesia y configurados para su ministerio por la gracia del Espíritu Santo mediante la sucesión apostólica. En sus rostros, palabras, obras y escudos se encuentra también parte de nuestra propia memoria como Iglesia.
